A veces lo invisible se hace visible

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En verano asistí a una charla que impartió mi hermano sobre desafíos para la reducción de emisiones globales netas a 2050 y citó una frase de Hemingway que me hizo mucho sentido, la cual dice así:


«How did you go bankrupt? Two ways. Gradually, then suddenly. (The sun also rises)». Lo que se traduce: «¿Cómo se quedó en bancarrota? De dos maneras, gradualmente y después de repente».


Paremos a pensar. Creo que representa en gran medida lo que nos pasa a los seres humanos, tanto de manera individual como a nivel macro en los diferentes grupos que conforman la sociedad.


El ser humano es un ser gregario, de naturaleza social y gran parte de su desarrollo a lo largo de toda la vida depende de los otros individuos y del contexto social. Esto se evidencia en las primeras etapas de vida (las más vulnerables, en las que se presenta una amplia dependencia y necesidad de cuidados ya que sin los otros no se puede subsistir). Pero es una condición necesaria a lo largo de toda la vida y mucho más importante de lo que se suele percibir. Años como el 2020 han hecho darnos cuenta y sentir el vacío y la ansiedad de la imposibilidad de compartir con otros en ciertos momentos y nos hacen reflexionar sobre en qué medida las emociones y la salud psicológica tienen un protagonismo mucho mayor del que aparentemente se les da.
Necesitamos a los otros y nos definimos, identificamos, construimos y deconstruimos nuestras identidades en y gran parte debido a la sociedad que se torna cada vez más compleja y que nos deja una serie de estímulos muchísimo más amplios en comparación a épocas pasadas.


Piénsese en los tiempos en que la influencia del entorno cercano era casi unívoca y la manera más habitual de tener contacto con otros entornos era a través de los libros… para los que sabían leer, claro está. Eran esos tiempos en los que aún no se había extendido la idea de la educación universal.


Actualmente la situación ha cambiado y con los medios de comunicación y acceso a los viajes, por ejemplo, nuestros entornos de influencia han aumentado exponencialmente, generando en nuestra constitución social un crisol que se constituye gracias a diversas influencias de distintas sociedades.
Pero, pese a ello, el ser humano necesita -por sobre todo- el contacto directo, la relación con otras personas.
En la actual pandemia, hemos visto cómo se nos ha pedido que regulemos nuestros contactos personales. Y nos ha costado aceptar las restricciones y “cumplir” las normas de cuidado que han recomendado que practiquemos. ¿Qué parte del peso en nuestras decisiones lo ha tenido el querer y qué parte el deber? ¿En qué medida consideramos que algo es un deber? ¿Por qué no nos adecuamos tanto a la norma como otras sociedades o por qué no se ve el riesgo de la misma manera en que lo ven otros?


Algunas actitudes frente a la actual pandemia han sido las siguientes:
Los negacionistas son los que no creen que exista un problema biológico real y lo deniegan creyendo que la situación actual de restricciones se debe a imposiciones de los gobernantes. No creen que exista una pandemia, por tanto, es probable que no sigan las imposiciones a no ser que las ponderen como realmente obligatorias (donde actuaría el deber de cumplir) o arriesgadas de saltar (donde actuaría el no querer arriesgarse a una multa, por ejemplo, la actuación sería en función de la retribución-castigo) Free rider o polizón como los individuos que no colaboran de manera equitativa.

Piénsese en el siguiente razonamiento. Si todos cumpliéramos las normas y siguiéramos los protocolos podrían no haber aumentado tanto las cifras de contagio. Sin embargo, si una persona piensa en solitario que puede saltarse la norma debido a que los demás la seguirán… no colaborará. El problema se ve enormemente aumentado cuando son muchas las personas que se saltan la norma actuando como polizones, situación que, además desincentiva a los que estaban colaborando; ¿por qué voy a tener cuidado si mi vecino no lo tiene?

Lejanía con la situación. El percibir que se lleva mucho tiempo inmiscuido dentro de una pandemia y que no se ha tenido contacto con ningún caso cercano puede hacer que las personas vean a la situación como lejana de su entorno cercano e incluso puede hacer que en algunos casos se llegue a ser parte del colectivo negacionista. No se aprecia ni percibe el problema porque no se ha tenido contacto con el porque no existe concienciación de la situación.


Costumbre con la situación. Llevamos varios meses con la situación de pandemia. Al principio muchos desinfectaban todo al entrar a casa, tenían un cuidado y un miedo que después de un tiempo ha disminuido. Incluso al relacionarse con otros ese cumplimiento de las normas se ha visto relajado. Es como el cuento de la rana que se cocina en una olla, debido a que ésta aumenta de temperatura progresivamente y por tanto no percibe el calentamiento del entorno y por tanto no se percibe el peligro.


¿En qué medida estamos ponderando las consecuencias? Por ejemplo, piense en los jóvenes que en muchas ocasiones hemos escuchado planteando que el virus no les afecta ya que en el caso hipotético de enfermar nos les sería de gravedad. ¿Estarán ponderando de manera correcta los riesgos?, ¿Qué el virus pueda afectar de manera más grave a algún joven es como una especie de “lotería?, ¿se tienen familiares y amigos que se pueden afectar de manera más grave en caso de contagiarlos?, ¿se aprecia el factor de que si se expande la pandemia para nada ayuda a la economía y los jóvenes son uno de los colectivos que más difícil lo han tenido en términos de empleabilidad? Ese efecto aunque no se relacione en el propio accionar tiene una gran correlación con la situación y la no ponderación del riesgo de contagiarse y contagiar.

Pero, piénsese en el otro extremo, las personas que se han aislado y han restringido de manera férrea su entorno social ¿en qué medida están sufriendo ansiedad y miedo frente al virus?, ¿la falta de contacto les genera sufrimiento?, ¿el aislamiento les permite quedar exentos de contagiarse? Sin entrar en juicios de valor en relación a nuestro accionar se puede decir que las reacciones psicológicas que hemos experimentado son comunes a los seres humanos y por eso en parte se han repetido en los diversos países. Podemos recordar que en general las crisis presentan un amplio espacio temporal de gestación que se deja entrever con un detonante que desencadena toda la secuencia posterior de acontecimientos… piénsese en la caída de la bolsa el martes negro que fue el detonante de la crisis económica de 1929, la caída de Lehman Brotes como detonante de la crisis de 2008, el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria que fue el detonante de la 1ª Guerra Mundial y un sinfín de etcéteras. La pregunta es ¿en qué punto estamos ahora?, ¿mejorando?, ¿adentrándonos progresivamente en una crisis aún mayor?, ¿nos hemos relajado por el conocimiento de la vacunación? y si es así, ello unido a las fiestas de estos días, ¿nos puede perjudicar de manera que se generen aún más repuntes?


Son los últimos días de las fiestas y a todos nos apetece más compartir y ver a nuestros seres queridos. Cada quién es libre de pensar lo que quiera. Pero al menos por si acaso, cuidaos, cuidar a vuestra sociedad y a vuestro entorno. Recordemos que a la bancarrota se llega de dos maneras, gradualmente y después de repente, o lo que es lo mismo, a veces lo invisible se hace visible.

No estamos preparados

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La pandemia trajo consigo una serie de aspectos que permiten reflexionar sobre la sociedad que estamos viviendo y construyendo en el día a día. Esta vez sólo haré mención a trámites en la administración pública que resultan prácticamente imposibles para el ciudadano común y corriente.

Como ejemplo seleccionaré extranjería. Después de consultar la web, en pleno agosto, para saber si atendían en la oficina de extranjería ubicada en Diputada Clara Campoamor esquina Motilla de Palancar 23 acompaño a un matrimonio joven, él español, con un bebe. La web informaba que se atendía al público. A las 12 estaba todo cerrado con un cartel que decía que el horario era hasta las 12.30 con cita previa. Desanimados, porque tampoco habían respondido el teléfono cuando se llamó, nos sentamos en un bar en una placita frente al edificio y como sorpresa escuchamos que varios de los que estaban allí les había pasado lo mismo.

Más situaciones. Desde marzo una persona trata de obtener cita previa en Sagunto, para un certificado. Ingresos a la página, llamadas por teléfono, etc, etc. Dado que no resulta decide probar con Bailén y ¡oh, eureka! en septiembre puede acceder. Acude esperanzado de resolver su situación, pero no, tiene que ir a Sagunto porque reside en Náquera. Vuelta a la web y a los intentos que hasta cuando escribo señalan que sólo hay citas en Bailén, Gandía y Alzira.

Otra increíble. Se gestiona desde 2011 la nacionalidad por Memoria Histórica a una persona adoptada por un español en un país latinoamericano. Después de muchos ir y venir de documentos y preguntas desde y hacia Valencia y Madrid, con firma y juramento de fidelidad al Rey y obediencia a la Constitución y a las leyes españolas por parte del ciudadano, hay una respuesta negativa. Se apela y la nueva respuesta de acuerdo al Registro Civil de Madrid está desde febrero en Valencia, pero que desconoce totalmente porque no le ha llegado ningún documento. Acude al Registro Civil de la Ciudad de la Justicia y le derivan a la Carpeta Ciudadana del Ayuntamiento a la que se accede con firma digital. Dócilmente solicita ser atendido para obtener dicha firma y con pasaporte es imposible. Tiene un número de NIE digital provisional (carece de documento físico) que se le asignó durante la tramitación y con éste espera poder acceder a la respuesta a su gestión. A ver si hay suerte.

Y para qué decir en educación. Sólo de pensarlo aturde. Familias que carecen de ordenadores (aumenta la brecha digital), teletrabajo para padres y clases para sus hijos… ¿cuántas familias podrán cumplir con este requerimiento?

Estamos en la Sociedad de la Información. Suena rimbombante y como integrantes del primer mundo sentimos que con sólo exigir a la ciudadanía que realice los trámites por Internet somos parte de este “exclusivo Club”.

Pero, ¿qué pasa al otro lado de la administración pública? ¿Con los numerosos ancianos que no tienen idea de cómo acceder a una cita previa en el ambulatorio por ordenador y se pegan al teléfono esperando que les renueven la dispensación de sus medicamentos o con aquellas personas que necesitan ayuda porque han perdido sus puestos de trabajo? O ¿con los que tienen que esperar que se pase de una renta de ayuda a la inclusiva, pero mientras tienen que vivir y comer?

Estoy segura de que quienes me leen tienen más ejemplos. Podría enumerar unos cuantos más, pero como reza el adagio popular, “para muestra un botón”.

Ronda una pregunta en muchas personas. En el tiempo de pandemia ¿cuántas personas han recibido sueldo sin hacer nada? Para qué mirar la actividad parlamentaria de las cámaras legisladoras, porque resultaría insultante.

Mientras en supermercados, farmacias, hospitales, hornos y otros muchos sectores tuvieron que estar ahí, atender, tragarse sus miedos y sus lágrimas.

Todo esto me trae a la memoria como metáfora la conducta de los niños pequeños que se calzan los zapatos de sus padres con el deseo de ser grandes. Les quedan volando y van arrastrándolos para avanzar. Ese lastre es el que sufren los ciudadanos de a pie al tratar de acceder a un aparataje lento y desgastado con los años que trata de aparentar modernidad exigiendo a la sociedad civil un comportamiento digital en el que no están preparados, por formación o acceso a los recursos, pero es más porque cuando se cumplen los pasos muchas veces no existe una respuesta adecuada. Pienso que no estamos preparados para ese cambio. De alguna manera, nos hemos saltados pasos intermedios que lleven a tod@s a la sociedad de la información y digitalización real y no a la percepción de bandos de unos y otros, los que necesitan y desean realizar sus trámites para resolver sus situaciones de vida y aquellos que determinan desde escritorios procedimientos desconociendo la realidad de la población. Definitivamente: No estamos preparados.

El confinamiento y la docencia universitaria

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La crisis del Covidien-19 ha producido un salto adelante de unos cuantos años, incluso una década entera, en lo que se refiere a la implementación de técnicas interactivas y de participación con apoyo tecnológico.

Las TIC incorporan un gran potencial didáctico, dada la navegabilidad y viabilidad de estos en entornos audiovisuales e interactivos, entre otras características. Tanto es así que desde 2010 a esta parte, hemos podido observar una «explosión» de todo tipo de «tecno-probaturas-pseudo-experimentales» en la docencia universitaria publicadas en la literatura de investigación docente en educación superior. Se han implementado blogs, wikis, redes sociales, canales de youtube, clickers, Kahoot, vídeo tutoriales, la cantidad de materiales ha proliferado de forma exponencial en los últimos diez años.

Pero las medidas de urgencia provocaron que ya no hubiera tiempo para probaturas. Nos hemos tenido que buscar la vida para hacer docencia exclusivamente con plataformas y tecnología. Las instituciones han tenido que mojar. Algunos docentes, sin casi ni darse cuenta, han «dado la vuelta» a su docencia, han tenido que planificar y compendiar contenidos. Uno de los elementos más populares ha sido los vídeos y vídeo-tutoriales que, en la actualidad, se encuentran disponibles tanto en repositorios institucionales como en redes sociales.

Si bien algunos profesores ya cuentan con una librería de vídeos y vídeo-tutoriales interactivos, muchos otros han visto lo bien les hubiera ido tenerlo durante el aislamiento. Los videotutoriales permiten dinamizar la docencia y relajar el contenido de las sesiones, dejando más tiempo para reforzar conceptos, dialogar o plantear casos de estudio.

¿Pero realmente hemos podido sacarle todo el provecho a la situación?

KU Leuven sin actividad académica presencial des del 13 de marzo de 2020

Por la premura, seguro se han dado situaciones en que se han incorporado materiales, vídeos, etc. sin tener demasiado clara la finalidad para la que se están introduciendo. Partiendo de la base de que las TIC no son una solución a los problemas de diseño curricular, sino que, precisamente, por ser útiles deben estar sostenidas por un buen diseño de las materias, éstas no son ni más ni menos que una herramienta que se puede (y se debe) tener en cuenta para diseñar el proceso formativo. Me pregunto cómo habrán percibido los alumnos el paso abrupto de la clase presencial a la virtual.

La cantidad y calidad de apoyo que el / la docente recibe de la propia Universidad a través de los servicios y medios técnicos y de formación es lo que permite que se crearan estos recursos y la calidad de los mismos. Renovar y preparar nuevos materiales es una carrera de fondo que requiere el soporte institucional y que, si no se hace con planificación y tiempo, no puede hacerse con urgencia.

En este sentido, la publicidad, la calidad de la oferta y la accesibilidad (horaria, opciones de formación en línea y a la carta, etc.) de cursos y talleres son factores relevantes. En la tabla siguiente se puede ver el nivel de implementación de iniciativas de docencia virtual (implantadas o en desarrollo) desde 2006.

Según se puede ver en la tabla, la disponibilidad de un plan específico de formación para el personal docente e investigador (PDI) ha pasado del 76% en 2006 a un 96% en 2010, lo que supone un aumento destacable de 20 puntos porcentuales. Está claro que en mayo o menor medida, las instituciones tenían claro que había que estar presente en la formación online.

Fuente: UNIVERSITIC 2010: EVOLUCIÓN DE LAS TIC EN EL SISTEMA UNIVERSITARIO ESPAÑOL 2006-2010. CRUE.

En cuanto a los incentivos, en cambio, la existencia de planes para profesores pioneros en docencia virtual pasa del 50% al 68%, un incremento bastante más moderado de 12 puntos porcentuales, pero ahí se queda. Estas cifras subrayan la conciencia, por parte de las universidades españolas de la existencia de un cambio de paradigma y que existe un esfuerzo para adaptar los contenidos y los recursos, pero aún queda bastante camino por recorrer. Los incentivos para la innovación docente son más bien purrisosos si no inexistentes. A penas en 2017 empezaban a existir planes series de incentivos en las universidades públicas.

Por último, querría insistir en el valor que las nuevas tecnologías pueden añadir a la docencia. Ya se ha comentado el potencial de contenidos multimedia en las metodologías activas, pero también hay que llamar la atención en el gran potencial que tienen estos contenidos para adaptarse a las necesidades específicas de estudiantes con discapacidad y otros grupos con necesidades específicas de adaptación de materiales.


Economía española y sus consecuencias para «la salud»

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Punto de partida

Es una idea generalizada, más en estos tiempos de pandemia, que los servicios sanitarios tienen como única labor «curar». Limitando así la finalidad del sector a una parte relativamente reducida de su utilidad. Los servicios sanitarios tienen además la capacidad de ayudarnos a «mantenernos sanos». La palabra clave es prevención.

Hay una diferencia básica entre una mentalidad y otra. La primera asume el papel de la sanidad como una intervención puntual, una especia de «rescate en caso de necesidad». La segunda, por su parte, asume que el sector sanitario público puede acompañar de forma continuada a lo largo de nuestra vida para ayudarnos a mantener nuestro estado de salud.

Podemos pensar en un sistema sanitario que simplemente «interviene» o un sistema que, además, se pregunta el por qué de las intervenciones y trabaja en su «prevención». Esta ha sido la tendencia en la última década en la Unión Europea. El motivo no es totalmente altruista.

En general, en una población mayoritariamente sana, nos da por pensar en el segundo enfoque cuando nos vamos haciendo mayores. En ese momento los servicios sanitarios aparecen en nuestra cotidianidad. Es entonces cuando nos damos cuenta (algunos a una edad más temprana que otros) de la diferencia entre recibir una llamada de seguimiento del servicio de enfermería del CAP, o que tengas que rogar por un mísero minuto de atención en un servicio desbordado.

Personalmente, considero que el sector salud es una extensión de nuestros derechos de ciudadanía, los llamados derechos de segunda generación. La sanidad pública (estoy incluyendo los acuerdos público-privados) es la institución que debe garantizar ese derecho, por definición universal. Por tanto, cuanto mejor logremos que funcione nuestro sistema sanitario (incluyendo las labores administrativas, financieras, etc.), mayor accesibilidad y nivel de servicio podremos otorgarnos con él. Al menos en teoría, deberíamos poder llegar a más con los mismos recursos.

Las personas que trabajamos analizando asuntos del sector salud desde la economía (la llamada economía de la salud) nos preocupa tremendamente que el sistema sanitario sea resistente a los avatares del panorama económico. Que sea accesible, universal, de calidad y que los profesionales del sector trabajen en buenas condiciones. Y para ello, hay una conidición fundamental, tenemos que poder pagarlo.

Así que, un sistema sanitario centrado en la prevención y el mantenimiento de la salud de las personas es, en el largo plazo, menos costoso de mantener. De ahí lo de que «el motivo no es totalmente altruista». ¿Es el principal motivo? en mi opinión no. Destinar dinero público a programas de prevención (formación, screening y seguimiento) es, simplemente, una de las formas más eficientes y eficaces para que los servicios sanitarios nos ayuden a mantenernos sanos y vivir mejor.

La relación entre sanidad pública y situación económica

En los países de la UE, los sistemas sanitarios públicos se financian con cargo a impuestos (en mayor o menor medida). En tiempos en que los gastos públicos superan los ingresos, los sistemas sanitarios (dentro de los servicios públicos del Estado) pasan a financiarse con deuda pública. Y si, además, concide que el país tiene problemas para colocar su deuda en los mercados financieros, los servicios públicos se resienten y mucho. Ya que si todo lo demás falla, los mal llamados «recortes» son la única herramienta en manos de los Estados dentro de la Zona Euro para afrontar la situación: una política fiscal restrictiva.

En la pasada recesión económica, los especialistas en la materia definieron la situación como un «shock» más allá del económico y hablaron de «shock sanitario». Precisamente por que las restricciones presupuestarias fueron tan fuertes que los servicios públicos se resintieron. En la Unión Europea, de forma generalizada, se revisaron las carteras de servicios ofrecidos a la ciudadanía. En países con mayores dificultades presupuestarias se congelaron salarios, contrataciones, se produjeron reducciones en plantilla y se llegó a afectar a la cobertura (quién tiene derecho a prestación sanitaria), dejando parte de la población sin ella.

En lo que respecta a la revisión de cartera de servicios sanitarios, sólo un puñado de países en la Unión Europea estaban preparados para realizar los ajustes en base a algún tipo de análisis coste-beneficio, o lo que llamamos evaluación de tecnología sanitaria (HTA, del inglés Health Technology Assessment). Así, a pesar de algunas honrosas excepciones, se redujeron las carteras de servicio un poco «a ojímetro». Algo de lo que todos fuimos conscientes y pasamos de llamarlos «ajustes» a «tijeretazo». Simplemente, no había, y sigue sin haber, mecanismos preparados para ajustar, en caso de necesitar hacerlo, sin afectar la universalidad de la cobertura y sin diezmar la capacidad de los servicios, ya no sólo de mantenernos sanos, si no de curarnos.

El derecho a la prestación sanitaria se vio afectado o por la falta de cobertura, o por las dificultades para acceder a él de facto. Por tanto, los servicios sanitarios públicos deben incorporar mecanismos de ajuste ante situaciones en las que se pueda prever un contexto económico fuertemente adverso.

Es decir, podemos y debemos denunciar los llamados «recortes», más cuando se hacen a destajo prevaleciendo aquello que es rápido y fácil frente a lo que es complicado (requiere liderazgo) y duradero. Hay que salir a la calle exigiendo liderazgo y gestión política, reclamar el respaldo de la UE en la emisión de deuda en Euros… pero, a la vez, debemos preparar a nuestro sector sanitario, en particular, y a nuestros servicios públicos, en general, de herramientas para gestionar la escasez de recursos. En frase de mi abuela, a la que cito a menudo, «a dios rogando y con el mazo dando».

Cuando llegó la pandemia…

El coronavirus llegó a España a poner la puntilla. Se encontró con un sistema sanitario con los recursos al mínimo. Los ajustes de personal y de otros recursos se habían ido sucediendo en los últimos años, tanto en atención primaria como en especializada (extrahospiatalaria y hospitalaria). Cuando llegó el coronavirus a penas sí teníamos recursos para atender a una población mayoritariamente sana.

La consecuencia fue un colapso en menos de 2 semanas, 15.000 infectados en los primeros 30 días entre los profesionales sanitarios y una disrupción masiva de la atención sanitaria, en general. Hoy mismo RTVE publica el últmio balance: 51.000 profesionales sanitarios se han contagiado de coronavirus durante la pandemia. Casi 5.000 han estado hospitalizados y 63 han fallecido. Y no me extiendo más por que estamos todos bien informados de lo que ha supuesto el coronavirus en España y en Europa. Vayamos pues a lo que importa.

¿Qué lecciones hay que extraer?

El sistema sanitario necesita los recursos que necesita. Diezmarlos contribuye a generar desigualdad e injusticia. En el contexto actual, además, con el déficit de recursos preexistente en España, el sistema sanitario ha visto limitada su capacidad para salvar más vidas durante la pandemia.

El sistema sanitario no necesita más recursos de los que necesita. En situaciones de normalidad, se entiende. En España, en concreto, tenemos un sistema bien procedimentado donde podemos hacer estimaciones de lo que necesitamos en los próximos 10 años, dada la estructura de población que tenemos y las morbilidades más frecuentes. Podemos y debemos tener proyecciones de necesidad de recursos.

Los ajustes en el sistema sanitario pueden y deben evaluarse. No podemos seguir interviniendo en el sistema sanitario de forma precipitada y en momentos en los que la única alternativa es el ajuste.

La premisa para poder realizar dotaciones de recursos y cambios de estructura en los servicios en sanidades es (en este orden): primero el acuerdo dentro del propio sector salud de la necesidad de dotación/cambio, y segundo los recursos financieros necesarios no sólo para dotar y cambiar si no para evaluar el impacto de esas dotaciones y esos cambios.

Así que, resumiendo. Temas pendientes:

  1. Liderazgo.
  2. Planificación «dialogada» a medio-largo plazo.
  3. Sistemas de información interconectados.
  4. Coordinación.
  5. Cubrir el déficit de recursos.
  6. Sistematizar el análisis del funcionamiento del sistema.
  7. Sistematizar mecanismos de ajuste y su evaluación.
  8. Respecto a cómo prevenir el impacto de futuras pandemias:
    1. Estructura de vigilancia epidemiológica.
    2. Desarrollar protocolos específicos nacional y a nivel europeo.

¿Qué gran reto hace que esto sea tan complicado?

En lo que a coordinación se refiere, en general, en la Unión Europea, los sistemas de información son tremendamente desiguales y están fuertemente fragmentados según competencias territoriales. En Bélgica, sin ir más lejos, a pesar de su pequeña superficie, la coordinación entre las regiones es una dificultad añadida a la gestión sanitaria que además está reconocida por los propios gestores del sector. Este, por tanto, es el principal reto en materia de coordinación y análisis del sistema sanitario, en España y la UE. Ya no hablemos de la coordinación a nivel Europeo, pero eso es harina de otro costal.

¿Alguna buena noticia?

Muchas. Por poner un ejemplo, las experiencias en materia de prevención apuntan a que sistemas sanitarios bien coordinados con servicios sociales (integrated care) ofrecen la oportunidad de hacer más por la salud a través de formación de la población (enfermos y familiares), seguimiento y apoyo, evitando complicaciones, carreras a urgencias e ingresos. Dicho sea de paso, estas situaciones, no deseadas por los propios enfermos, activan procedimientos mucho más costosos tratados en el hospital que previniendo los episodios agudos con seguimiento de medicación y visitas en el consultorio.

Carmen Guardia (la citada abuela), enferemera ejemplar, ya jubilada, del sistema sanitario público en España.

En concreto en España, y a pesar de tener escasez de recursos, nuestro sistema sanitario tiene un gran potencial. Una de sus principales características es la forma en que se gestiona el acceso a la salud a través de la atención primaria. En ella, se pueden activar otros servicios sociales además de la gestionar el acceso a la atención especializada siempre con criterios clínico-sociales, se puede prestar ciertos servicios propios de urgencias a un coste mucho más reducido que en el hospital, etc.

Ahora, lo más importante en lo que a mí respecta, es que tenemos excelentes profesionales en el sistema sanitario. Vamos, que si los gestores lo hacen medio bien hay potencial humano de sobras.

¿Qué viene ahora?

La situación económica se va a endurecer en toda la Unión Europea, donde las previsiones económicas de primavera, publicadas en 7 de mayo de 2020, apuntan a que la economía de la Zona del Euro se contraerá en un porcentaje récord del 7,75% para 2020. En España no va a ser una excepción. En estas fechas toca hablar del sector turístico, con un 12,3% del PIB español en 2018 (según el INE), va a ser uno de los primeros sectores en reflejar el impacto. Sólo en marzo, el sector a registrado una caída del -10,3% en el número de trabajadores afiliados a la Segurdidad Social respecto del mismo mes del año pasado. A su vez, el cierre de la filial Nissan Barcelona con 3.000 empleos directos y 20.000 indirectos es la primera de otras malas noticias que seguramente recibiremos en los próximos meses.

Mientras la lucha contra el covid-19 prosigue, su impacto a todos los niveles ya es evidente y relevante. Cabe destacar el análisis realizado por las prioncipales instituciones mundiales y recopilado por el sercivio de estadísticas de Naciones Unidas (How Covid-19 is changing the world: a statistical perspective).

La consecuencia no es otra que una fuerte restricción presupuestaria en el sector público. Dada la situación económica actual, para España la alternativa es emisión de deuda y procurarse credibilidad en los mercados para poder financiarla razonablemente. En la dicotomía estado inversor/consumidor, la pregunta que queda en el aire es cómo se distribuyen esos recursos para no diezmar aún más los servicios públicos fundamentales, entre ellos los servicios sanitarios y, a su vez, generar confianza en los mercados respecto de la recuperación rápida y segura del país que incentiven la compra de bonos de deuda pública.

Se ha hablado de algunas alternativas interesantes para reforzar las fuentes de financiación mientras pasamos el bache. Los familiarmente llamados «coronabonos» han avivado algún resquemor interno en la UE, por ejemplo. En cualquier caso, los países dentro de la Zona Euro dependen no sólo de su credibilidad como país ante los inversores, si no de la credibilidad de la propia moneda en la que emiten su deuda. El respaldo al Euro no es otro que «todos nosotros», juntitos, y no separaditos.

Aún así, mientras no tengamos un Presupuesto Común Europeo me temo que el Banco Centra Europeo (BCE) va a cargar con el peso de respaldar el Euro con su política monetaria, pidiendo encarecidamente a los Estados de la Zona Euro que bailen todos al mismo son. Mientras cada uno se apaña con su conga en lo que a política presupuestaria se refiere, interfiriendo, lógicamente en el impacto que el BCE pueda perseguir.

Y con tal descordinación, menudo encaje de bolillos vamos a tener que hacer, diría mi querida abuela.

Hablemos de política en tiempos del COVID-19

·Foto: Guillermo Santana Pintor: https://www.facebook.com/pg/Guillermo-Santana-Pintor-182312478825869

Política y legitimidad

En la política se reflejan los conflictos entre personas, agrupaciones, ideologías, visiones de mundo, grupos, intereses, etc. Estos grupos constituidos, si tienen acceso a ciertas esferas, serán los que podrán aplicar en mayor o menor medida ciertas políticas.

El poder es resultado de una relación, es por ello que en nuestras democracias occidentales se da tanta importancia a la institucionalización del contrapeso de los poderes y a la separación de estos (ejecutivo, legislativo y judicial).

El poder se encuentra vinculado tanto a la fuerza como, en mayor medida, a las ideas, las creencias y los valores que son los que dotan al poder de legitimidad y por tanto brindan a los que los ejecutan de una cierta autoridad. Estas creencias harán creer al que obedece que es necesario seguir las reglas establecidas ya que, no nos olvidemos, nuestras sociedades son un constructo que se fue explicando ideológicamente conforme se fue constituyendo.

Por lo que, normalmente, en sociedades con estados legitimados (aceptados socialmente), por parte de sus ciudadanos, las autoridades tendrán la legitimidad, para exigir obediencia. Y esta exigencia será socialmente aceptada, porque poseen autoridad (o en caso de desacato, poseen la posibilidad de utilizar legítimamente la fuerza, aunque esta no siempre se aplique de manera legitimada pudiendo decantar en violencia).

Por ejemplo, en España se aplican medidas de confinamiento social que son legitimadas por la sociedad en general, pero en caso de que alguien se salte las medidas impuestas, el Estado tiene la potestad -normalmente aceptada- de intervenir (con multas o sanciones, por ejemplo).  Ello se debe a que el Estado posee el monopolio del uso de la fuerza (la soberanía) dentro de su territorio. Recordemos que en ciencia política se entiende que todo Estado está compuesto por territorio, población y soberanía.

El Estado es una organización política que está constituida por instituciones burocráticas estables y el Gobierno -el poder ejecutivo- es la autoridad que dirige, controla y administra las instituciones estatales, y por ello los gobernantes son los que temporalmente ejercen cargos públicos. Dentro del conjunto del Estado y, para poder acceder y ejercer su función de manera legitimada, necesitan el apoyo electoral que les dote de autoridad, para ejercer su rol político.

Aunque no sea el tema central podemos mencionar que nos encontramos ante al menos tres problemas que se pueden producir en las elecciones y su legitimidad. Una es que la oferta política de los individuos que pueden acceder a la posibilidad de ser elegidos suele ser limitada; otra, es que las constantes descalificaciones morales entre unos grupos y otros perjudica la posibilidad de diálogo y con ello, la posibilidad de llegar a acuerdos productos del entendimiento; y, por último, que la clase política se ha visto vinculada -en muchas ocasiones- de manera inadecuada con la clase económica, generando un sinfín de casos de corrupción, prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, malversación… independientemente de que estos sean corroborados y juzgados, ya que, si alguien roba, ha cometido un acto que transgrede la ley, y eso es aparte de que no se sepa la identidad del que ha realizado tal acto o que tampoco se sepa públicamente qué delitos se pueden haber generado dado que lo más probable es que los del grupo transgresor se cubran las espaldas generando alianzas en diversos ámbitos debido a sus poderes personales.

Algunas Políticas y sus supuestas legitimidades

El gobierno necesita tener cierta adeptos para poder tener autoridad. Las oposiciones necesitan obtener autoridad, para poder acceder al poder por los mecanismos democráticos de legitimación. Gran parte de los políticos realizan constantemente campañas de marketing electoral ya que sus mandatos son relativamente cortos y en sociedades que tengan cierto grado de transparencia, sus elecciones se basan en los sufragios electorales.  

Es por ello que, en estos tiempos, veremos mensajes de unos a otros señalando responsables y culpables y escucharemos descalificaciones personales. También veremos actitudes en las que se buscará echar la culpa a chivos expiatorios, para desvincularse de las responsabilidades. Pero lo que necesitamos son medidas y que se hable sobre políticas, de la mano con los consejos de las personas que llevan la vida estudiando ciertos temas. Necesitamos que se busque la solución menos mala. 

Ahora bien, no nos olvidemos que en última instancia los políticos tienen que tomar decisiones respecto a qué políticas llevarán a cabo y para ello deben asesorarse de la mejor manera posible -si es que están por la labor-, ya que hemos visto casos en los que el asesoramiento de expertos -que también se equivocan, pero con una probabilidad menor en el mejor de los casos- ni siquiera haya sido buscado en circunstancias excepcionales sino que se primó el trato con cercanos y amigos. Es el ejemplo que refleja la comunidad de Madrid que permitió que los encargados de coordinar la respuesta frente al coronavirus en las residencias de Madrid sea un equipo sin experiencia en este tipo de evaluaciones y coordinaciones. Ahora, desde luego, sería interesante ver cómo se llevó a cabo esta contratación que debiera de ser de concurso público -y corroborar que no se trata de una contratación por tener contactos familiares- y además tendría que ser público el proyecto presentado para ver hasta qué punto es tan bueno en ciertas medidas, y, de ser realmente así, podría dar luces de cómo actuar en otros territorios. Permitir que personas se encarguen de aspectos tan vitales -por mucho que hayan presentado un buen proyecto- pero que no tienen experiencia es al menos una decisión arriesgada.

Políticos: ¿las nuevas marionetas?

Actualmente, lo que entristece respecto a las decisiones políticas es que en muchos casos hablamos de personas que actúan bajo su propia opinión personal y no sobre un contraste de realidades y ponderación de situaciones. Cuando la opinión personal se fortalece, también lo hacen con ello los propios sesgos

Se torna curioso que el Gobierno de Nicaragua convocara a la marcha denominada «Amor en tiempos del COVID-19«. También ordenó a los doctores no utilizar equipos de protección debido a la alarma que ello podría provocar entre los pacientes, y programó más actividades lúdicas para el verano. Algunos grupos de la sociedad han tomado por ellos mismos medidas para protegerse del virus, pero muchos de los adeptos al gobierno asistieron a la manifestación convocada por éste que llamaba a la población a tener fe y esperanza.

Desde luego, muchas personas han seguido este tipo de llamamiento orientados por una legitimidad tradicional, que se suele vincular -en muchas ocasiones- a los valores tradicionales como la creencia en la santidad. En este caso, puede haber adeptos que actúan ya sea por su afiliación a un partido o a una fe religiosa. Otro problema que se prevé que pueda acontecer en otros territorios y que puede tener una vinculación a un aspecto cultural religioso es el advenimiento del Ramadán, con las posibles congregaciones entre personas, veremos hasta qué punto los diversos dirigentes abarcan la situación.  

En la acción y reacción a las eventualidades, muchos líderes, alejándose de este calificativo, han actuado como marionetas que, como tal, desarrollan movimientos desarticulados y son manejados por las contingencias externas sin poseer una voluntad propia aplicada a un liderazgo eficaz, muy necesario en estos momentos (y esta falta de voluntad lleva también a una falta de discernimiento y de dignidad que al resto de población nos dejan en ocasiones decisiones políticas ineficaces, con todo el sufrimiento que ello acarrea). Muchos son marionetas porque han ido improvisando a veces de manera no meditada y muy desarticulada. 

Falta de dignidad porque a veces se centran más en hacer campaña que en ver la mejor manera de abordar la situación, ¿existe una falta de decencia?

Otros presidentes que han animado a sus ciudadanos a realizar protestas son, por ejemplo, Donald Trump, que ha llamado a la realización de manifestaciones con el fin de presionar a los gobernadores para que pongan fin a las restricciones que paralizan la economía y además ha dado un vuelco radical en relación a su postura frente a los inmigrantes indocumentados que se ocupan de empleos como el de la recogida de las cosechas del campo a lo que se suma un llamamiento a personal sanitario extranjero. En el caso de los primeros los ha calificado de trabajos esenciales y ha asegurado que el gobierno no hará redadas en estados como California, lo que demuestra como una convicción puede cambiar rápidamente si los propios intereses y las circunstancias cercanas cambian (es el discurso liviano que no se basa tanto en la ideología sino más en intereses económicos y en ocasiones personales, a veces ni siquiera meditados). Ahora bien, con posterioridad a las declaraciones Trump se vio obligado -en los días siguientes- a hacer una serie de aclaraciones, modificar lo que se quería expresar, recular y explicar a lo que se refería. Ello se debe a que podría ser un suicidio político ya que con ciertas declaraciones puede herir las sensibilidades de sus adeptos más fieles. Entonces, ¿migración sí, pero no? ¿migrantes necesarios en estos momentos como sanitarios y granjeros sí, pero el resto no? ¿pero, no afectará a los visados de no inmigrante, es decir, aquellos que no pueden trabajar al menos legalmente?, ¿pero no se harán redadas para que trabajen los del campo? ¿sí se endurecerán las medidas contra la migración, pero con las excepciones convenientes? ¿suspensión de permisos de residencia permanentes, pero no de manera permanente?

Piénsese en el cambio de postura que tuvo Boris Johnson en Reino Unido, desde la inicial declaración de la incapacidad del Gobierno para hacer frente a la epidemia y el análisis de que muchas familias perderían a familiares antes de tiempo producto de la situación sanitaria y que por encima de todo se debían mantener las medidas para salvaguardar la economía y lograr a la vez la denominada inmunidad de grupo, al siguiente posicionamiento de hacer frente a la enfermedad con un papel más activo del Gobierno, lo que puede haber sido en parte motivado por su propia experiencia personal.

En el caso de Reino Unido vemos una paradoja a la que se enfrentan muchos Gobiernos. Tanto si actúan como si no, se enfrentarán a gastos millonarios y graves repercusiones sociales y económicas. Es por ello que, al parecer, la mejor opción es actuar buscando la manera más inteligente de gestionar los recursos y los esfuerzos (tanto humanos como financieros).  En este caso se trató de una decisión que se fundamenta en la legitimidad legal-racional, donde la obediencia más que a personas concretas es en base a leyes con fundamento “racionalizado”. El poder político supuestamente se fundamenta en la legalidad, la ciencia y la racionalidad.

Otro ejemplo de un presidente que llama a manifestaciones públicas es Bolsonaro, en contra a lo que cree su ministerio de salud, lo que genera disyuntiva entre la población brasileña.

Desde luego no se está hablando en relación al confinamiento más estricto que están realizando territorios como España -que quizás podría ser algo más relajado como en el caso de otros países que permiten que sus ciudadanos salgan solitariamente a hacer deporte al aire libre-, políticas que necesitan un fuerte compromiso social y una gran responsabilidad, sino que se está hablando de la llamada a asistir a manifestaciones y congregaciones que desde luego no parece, bajo ninguna circunstancia, ser la medida más efectiva en estos casos.  

Por otra parte, ha habido mucha polémica respecto a cómo realizan el recuento de casos los países y no se ha producido un criterio homogéneo al respecto. Pero existen dos situaciones que hay que al menos considerar. La primera es que con el colapso que ha producido esta crisis en muchos territorios es normal y común que no se puedan testear y corroborar todos los casos infectados y todas las muertes provocadas por el virus y que, con la ayuda de las series históricas y las desviaciones de estas respecto a la tendencia, podremos tener un cierto acercamiento a la realidad de lo que ha sucedido. Y la otra es que hay que considerar hasta qué punto los gobiernos están tratando la situación con seriedad y hasta qué punto están interviniendo criterios que se pueden alejar en gran parte de los que se podrían encontrar dentro de los límites de las contabilizaciones aceptadas. Por ejemplo, en Chile se han realizado declaraciones en que se consideran como “recuperadas” las personas que han cumplido 14 días desde el diagnóstico, así como a los fallecidos, ya que ambos grupos no son fuente de contagio. Podemos pensar bien y posicionarnos ante la posibilidad de que este discurso ha sido preso de un lapsus lingüístico, pero ello se verá corroborado/refutado con los datos históricos de las muertes.

Está claro que la actual crisis ha puesto a los estados entre la espada y la pared, pero también está claro que veremos a posteriori hasta qué punto se han producido decisiones más acertadas o erradas y, más allá de las consideraciones políticas y científicas (que en última instancia son decisiones humanas que no están exentas de errores), es algo de lo que el ser humano podrá aprender para intentar corregir, pero también evaluar, meditar y analizar. Ahora, respecto a la legitimidad de los dirigentes de todos los partidos políticos actuales y la efectividad de sus medidas, la veremos reflejada en los hechos. Y los casos en que pueda producirse aprovechamiento por ciertos políticos debido a sus contactos para lograr riquezas personales con esta crisis o beneficiar relaciones cercanas, los deberían de juzgar los tribunales si realmente actúan de manera independiente y en pro de la justicia (ya que no se trataría únicamente de un fallo logístico y de incapacidad, sino también de moralidad).

¿Qué pasa con los países que tienen Gobiernos débiles y sistemas sociales poco robustos?

En países como España se han tomado medidas más restrictivas y aun así el virus actual ha colapsado al sistema sanitario (probablemente porque las medidas fueron tomadas de manera tardía y quizás no han sido las mejores). Otro modelo sería el de Suecia, donde sus medidas se encuentran fundamentadas en llamar a la responsabilidad de las personas, decisión que actualmente ha sido halagada por algunos. Pero, pese a ello, no hay que olvidar que posee un sistema sanitario robusto, que muchas personas viven solas o en unidades familiares más pequeñas, que el país ya estaba inmiscuido en el teletrabajo con anterioridad a la crisis, que sus índices de contaminación son inferiores a otros territorios y que aún es pronto para sacar conclusiones.

No se debe de olvidar tampoco que en muchos de los países denominados desarrollados se poseen estados de bienestar que brindan ayudas y poseen sistemas sanitarios más eficaces que los que poseen otros territorios (aun considerando todos los fallos que estos poseen).

¿Qué pasará con la extensión de la pandemia a los territorios empobrecidos que poseen pocos recursos sociales para hacer frente a ella, a los países que tienen sistemas sanitarios poco robustos y/o muy clasistas en lo que respecta a la posibilidad de acceso a la asistencia o que presentan estratificaciones sociales muy marcadas donde gran parte de la población no tiene acceso ni siquiera a la medida estrella del  confinamiento: el lavado de las manos (ya que no tienen acceso a agua potable en algunos casos), o se encuentran viviendo de manera hacinada, o ambos casos a la vez? Son países que presentan en mayor medida, grandes carencias en infraestructura, en parte por la pobreza y en parte por la desigualdad en el reparto de la riqueza.

Influye la desigualdad en el reparto de la riqueza a que las sociedades desprotejan a sectores de la población y privilegien de manera desmedida a otros. Sociedades en las que la posibilidad de una asistencia sanitaria de calidad (o incluso simplemente el acceso a la sanidad) se encuentra relacionada a los medios económicos que se poseen.

Piénsese en muchos lugares del continente africano que además del escaso acceso a las medidas básicas de salubridad, se suma a esa ponderación la presencia de enfermedades como la tuberculosis, la malaria, el sida, etc., situación que, si se une a la inexistencia de cobertura universal, puede generar un descalabro en la región.  

¿Qué pasará con los apátridas? ¿Qué pasará con las personas que han tenido que huir de conflictos y que se encuentran en campos de refugiados? ¿Serán capaces los “líderes” mundiales y las empresas de hacer movimientos de recursos en favor de la Humanidad?

Desde luego, que la economía se movilice es necesario. También existen personas que no pueden permitirse realizar una cuarentena y que, en caso de imponer estas medidas de confinamiento sin medidas de protección social, son condenados a una tumba silenciosa y aislada.

Es muy probable que nuestro sistema económico cambie, dado que se ha fundamentado en unas bases que no son sostenibles a largo plazo. Nos enfrentaremos a grandes crisis, pero sobre todo nos vemos ante la posibilidad de cruzar la peor de todas las crisis en la que nos hemos sumergido y estamos adormecidos, ya hace un tiempo atrás, por falta de conciencia e interés. Me refiero a la crisis moral, porque tenemos la posibilidad de actuar o de mirar a otro lado, lo que no es sorpresa porque, por ejemplo, muchas empresas se han interesado en gran medida por ciertos territorios y su población, pero como fábrica (llegando a crear -o no querer mirar- realidades como la de escuelas que esconden trabajo infantil). Este apoyo ha sido fomentado por las élites políticas internas de los países, que ni mucho menos son santos inocentes.

El sistema económico tiene que cambiar y dar importancia a los seres humanos. No sólo a esos que se consideran de cierto rango, sino a todos. Y la gran ventaja que deja este virus para la posibilidad de que exista el interés de que se dé una gobernanza global es que afecta a todos (ricos y pobres), y que, al menos por ahora, si no se limita en algunos sectores sociales o territorios acabará por afectar a otros, por lo que las actitudes colaborativas son fundamentales.

Por último, desde luego, habrá que ver en qué medida esto se puede y quiere implementar, es decir, hasta qué medida los gobiernos, los organismos internacionales, las grandes empresas y fortunas -y la sociedades en general con sus mecanismos de apoyo y presión- estarán dispuestas a realizar acciones reales y en el caso hipotético -y por desgracia difícil, tal y como muestra nuestra historia- de que se llegue a una situación de colaboración en beneficio de todos, hasta qué medida se podría/querría seguir manteniendo la colaboración con los más desfavorecidos en el caso que llegue una supuesta vacuna. Si se llega a una posible solución, ¿las diversas instituciones mirarán por toda la humanidad? ¿o se volverá a la situación habitual de olvido y adormecimiento de consciencia en relación a las situaciones vitales de los otros?

COVID-19: El primer paso es reconocer el error, el segundo es buscar una solución y el tercero es ser humildes y dejar las afirmaciones sin conocimiento

·Foto: http://www.65ymas.com

Algunas preguntas


Si las mascarillas no son útiles, ¿por qué se deben de utilizar cuando uno está evidentemente enfermo en el caso de un virus como este que es contagioso en su fase asintomática y además el problema se encuentra en muchos objetos del entorno que han recibido nuestras gotitas de saliva?

¿Se pueden sacar conclusiones estadísticas actuales sólidas con un muestreo temporal relativamente pequeño, desconocido de antemano y en evolución?

Los listos también se equivocan

Nos encontramos ante una situación que nadie esperaba ni preveía, al menos con total certeza, y al tratarse de una situación nueva es normal que exista desconocimiento, pero junto al desconocimiento también se produce la necesidad de ordenar nuestras ideas, la necesidad de conceptualizar y fijar bajo qué escenario probabilista nos encontramos, ya que a tiempo presente queremos más que nunca tener certidumbre y sabemos además que la incertidumbre es algo que avanza conforme pasa el tiempo.

Pero todo ello no quiere decir que se sepa totalmente lo que va a pasar ni bajo qué escenario transcurre en el momento presente, lo que puede llevar a otro error: el de confianza infundada. Porque se nos dijo con liviandad que era algo que no significaría nada y que no llegaríamos a tener la situación que se produjo en China… En ese entonces, jamás pensamos que sería peor aún.

Por ejemplo, se vio gran cantidad de fallos en los pronósticos económicos antes que se desencadenara la crisis del 2008 debido a que muchas de las opiniones científicas, como los que fundamentaban a la ecuación Black-Scholes que se usaba (y usa) en la valoración de los activos financieros, se basan en modelos matemáticos, los que siempre se sustentan en suposiciones. 

En resumen. Aquella ecuación ayudó a que se produjera un crecimiento exagerado de las opciones -acuerdos de compra venta a un precio específico en una fecha futura determinada- permitiendo fijar precios estándar a ésta y otros derivados y, como en las condiciones aparentemente normales de mercado mostraba funcionar bien, la aplicaron los bancos, plenos de confianza. Las excepciones del mercado se dieron por totalmente improbables y se pidieron propiedades como garantía del riesgo… y, ya a partir de ahí, es historia conocida. Pero estamos, en cierta medida, acostumbrados al error en las decisiones económicas y no lo estamos de la misma manera en otras áreas de conocimiento

Retomando el tema de la crisis del Covid-19, cuando en Italia comenzaron a empeorar las cosas, en España se comenzó a sospechar que quizás sí que nos podría afectar de una manera más rotunda hasta que, poco a poco, nos vimos inmiscuidos dentro de la situación caótica.

Pero esa manera de comportarse constituye parte de la forma de ser de los individuos que suelen apreciar las realidades distantes como lejanas y, por tanto, en cierta manera improbables, y se dio por sentado de que estábamos mucho mejor preparados que otros lugares, por lo que inconscientemente pudimos desarrollar cierta prepotencia o inconsciencia.

España le queda distante a otros territorios como Chile, que ha cometido el mismo error político, en sentido de que se decía que no afectaría el virus al país, posteriormente que se tomarían precauciones, para después decretar la cuarentena en algunas zonas del país y probablemente en un futuro se verá obligado a endurecer las medidas, al igual que ha tenido que hacer España y otros territorios. Es un ejemplo de ineptitud política, junto a la visión de corto plazo con la incapacidad de aprender de las contingencias de otros territorios.

En España hemos visto como, abiertamente, el gobierno se equivocó. Pero no ha sido únicamente el gobierno, también lo ha sido la oposición, y muchos de los especialistas que han dado su opinión, pero también nos hemos equivocado las personas en general porque el ser humano tiene capacidad de tener criterio y filtrar la información y esta criba no siempre se está utilizando.

El gobierno siguió los consejos de quien estimó (es verdad que generalmente se adhieren a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud), pero nos encontrábamos en una situación en que la OMS dio una serie de recomendaciones que fueron criticadas por países que han tenido experiencias similares a la actual, por ejemplo, con la epidemia del SARS en 2013.  

Uno de los motivos a los que se apeló es que la población no sabía utilizar las mascarillas. Bien, ¿no hubiera sido más efectivo concienciar a la población respecto a su uso? Es decir, al principio las sociedades asiáticas probablemente tampoco sabían cómo utilizar las mascarillas, pero aprendieron. ¿Tiene sentido utilizar las mascarillas únicamente cuando uno evidentemente está enfermo en el caso de un virus como este que es contagioso en su fase asintomática y además el problema se encuentra en muchos objetos del entorno que han recibido nuestras gotitas de saliva?

Desde luego, ahora en plena tormenta es difícil generar las soluciones que se podrían haber prevenido con anterioridad, pero el motivo de ello es que no lo esperábamos y que ni siquiera tomamos posibles precauciones. 

El Gobierno decidió quedarse con una argumentación y permitió, por ejemplo, que se llevaran a cabo manifestaciones en el día de la mujer, pero no nos equivoquemos ya que a esas manifestaciones también fue la oposición y fuimos los ciudadanos, es decir, apoyamos la decisión tomada. Es decir, en general, en la etapa inicial de la pandemia en Europa, existía la confianza generalizada de que el virus no presentaría gran repercusión, por lo que también hubo, por ejemplo, ciudadanos que asistieron al partido de fútbol Atalanta-Valencia, lo que significó una fuente de contagio.  

Muchos especialistas y no especialistas ridiculizaban la situación, comparándola con la gripe. Otros simplemente daban las recomendaciones supuestamente adecuadas con total certeza y sin dar pie a la posibilidad de que se nos pudiera escapar algo. También tienen responsabilidad todos los científicos, especialistas y personas que se “subieron al carro” grabando vídeos como si supieran totalmente sobre lo que hablaban (en gran parte siguiendo los consejos de la OMS) y dieron recomendaciones de expertos y pseudo-expertos sin dar posibilidad de cabida de que se trataba de una situación nueva (y que, por tanto, para nada teníamos información consistente) y si algo debe de caracterizar a la ciencia es su sentido crítico. Si algo debe de caracterizar a los especialistas o a las personas que se dicen conocedoras de un campo es su capacidad crítica y de contraste de las realidades, es el poner a juicio el conocimiento, sobre todo al que se cree saber con certeza. 

Y también tenemos responsabilidad la sociedad en general porque las personas podemos hacer uso de nuestra capacidad de raciocinio y decidir qué nos parece más fiable, aunque la mayoría, como es de esperar, dependa y crea en la opinión de los políticos y expertos, más de alguno ha pensado en que la política se comporta ponderando excesivamente el corto plazo y de manera ineficiente, al igual que muchos expertos. 

Es al menos paradójico que, en lugar de reconocer el error de las propias afirmaciones, se le eche la culpa a la incapacidad de otros criticándolos y diciendo que nos hemos equivocado por seguir sus recomendaciones, más si consideramos que nos hemos equivocado por seguir la opinión de los que consideramos ineficientes en muchas ocasiones.

Lo que se quiere decir es que nos ha faltado humildad y prudencia. Nos ha sobrado prepotencia intelectual. Por lo que más que buscar culpables hay que ver, buscar y exigir soluciones porque responsables, en mayor o menor medida, somos todos.

Y aquí -con el más profundo reconocimiento a las personas que están dando lo mejor de sí en esta crisis como sanitarios, repartidores, personas que hacen las compras de sus vecinos necesitados, arrendadores que permiten rebajas o condonación en los alquileres, etc.-, lo que se quiere decir es que el primer paso que tenemos que seguir es reconocer el error, el segundo es buscar una solución y el tercero es ser humildes y dejar las afirmaciones sin conocimiento.

Más que culpabilizar, hay que responsabilizar y responsabilizarse.  

Ojo al dato: tenemos que aprender a utilizar la mascarilla, pero es curioso que, un día antes de su posible recomendación generalizada por el Gobierno, aparezcan en la televisión los políticos -como el presidente del gobierno- usándola justamente de la manera en que se recomienda no utilizarla (bajándosela con la mano a la perilla).

Los gobiernos ponen a muchos ciudadanos entre la espada y la pared 

Esta crisis es complicada y traerá repercusiones económicas que no podemos ni prever. Los Gobiernos llevarán a cabo una serie de gastos de enormes proporciones, la deuda y el déficit público aumentará en gran medida. No han tenido ni tendrán -tal como se ha demostrado- capacidad logística y de administración para organizar de la mejor manera los recursos escasos que se están gestionando para paliar la crisis, en las diversas manifestaciones en que estas falencias se plasman (en las medidas que se toman, en cómo se gestiona la adquisición de material sanitario, etc.). 

También es fundamental recordar, más allá de las promesas, a quién decidirá realmente apoyar el Gobierno y las Administraciones locales, ya que pueden volcarse a favor de las grandes empresas o repartir sus apoyos a los diferentes sectores, sobre todo a los más desprotegidos. 

Sabemos que los recursos son escasos y que estamos atravesando una crisis sanitaria, económica y también moral que tendrá graves repercusiones. Pero todas las políticas y nuestro modelo social van de algún tiempo atrás con el neoliberalismo, que no es una masa que avanza sola, sino que avanza porque la permitimos. Comenzó a extenderse en mayor medida en los 80 con Thatcher y Reagan y ha ido poco a poco ganando terreno en nuestra cultura.

Está fundamentado en una ideología económica y política que mucha gente cree y apoya (a veces se cree en eso sin ser conscientes) e incluso hay mucha gente que propulsó esta ideología en sus inicios de buena fe (como algunos economistas de Chicago de orígenes familiares de individuos que escaparon del nazismo y que por tanto veían cualquier intervención del Estado como peligrosa, y aunque en un principio no fueron considerados de forma generalizada, en los 70 comenzaron a tener reconocimiento).   

El problema que se tiene es que no se ve que la economía y la política (que bailan siempre juntas, a veces de manera grotesca), sobre todo la economía en gran parte, más que ciencia es ideología que está al servicio de las argumentaciones que contienen un sinfín de supuestos que argumentan su carácter científico.   

Ahora, una vez desencadenada la tormenta (más dinero en sanidad no nos habría evitado pasar por la crisis, pero sí nos hubiera permitido reaccionar de mejor manera y tener más recursos humanos con experiencia donde son necesarios y también más recursos materiales que los protegiera) y ahora a la distancia vemos las políticas que nos han perjudicado en este momento, lo que dentro de todo es cuento viejo ya que solemos percatarnos de las deficiencias de nuestro sistema cuando pasamos por los malos tiempos.  

Y no nos olvidemos que en los malos tiempos afloran reacciones morales. Las decisiones políticas y de las personas reflejarán en gran medida la capacidad moral. En economía se tiene el concepto de riesgo moral y con la anterior crisis vivimos una crisis moral de gran proporción que tenemos el riesgo de revivir, dado que hemos visto florecer señales de ello.  

Pero volvamos a lo más importante y delicado de tratar, que es que muchos ciudadanos más allá del miedo están sufriendo escasez. Y frente a esa escasez no pueden hacer nada. Todo está bloqueado y detenido, muchos de los sectores de la economía se han paralizado. Suma a eso que, si una familia ha tenido un agujero económico, una multa desde luego no arreglaría las cosas. 

Las políticas económicas fiscales que se anuncian en los medios de comunicación sirven para calmar la conciencia de muchos de los que estamos en nuestras casas con las necesidades cubiertas, pero si ya de por sí dejan bastantes espacios no cubiertos, además es que no se están cumpliendo totalmente. Una parte se debe probablemente a una mala gestión de los recursos, otra se debe a que no se cuenta con los recursos públicos necesarios y una tercera es la que hace referencia a decisiones que podrían cambiar algunas ponderaciones de la sociedad y que ahora son necesarias.

Me explico. Se puede tratar de decisiones como: si los políticos -aquellas personas que en principio se supone que nos representan y empatizan con la sociedad– lo demostraran realmente y se sometieran a un ERTE redirigiendo los recursos hacia el resto de la sociedad, más si se considera que muchos no están trabajando en estos momentos.  O si futbolistas y artistas que deben gran parte de su fama a la sociedad dieran un mayor apoyo a diferentes sectores -no apoyo moral y de palabra, sino apoyo monetario y de recursos que es el que hace falta en estos momentos- y algunos ya lo están haciendo, pero sería loable que el resto se sumara a esta iniciativa de -pese a todo- ayudar a mantener saludable a nuestra sociedad. O que lo demuestren también las grandes empresas que en teoría se preocupan por la satisfacción de sus clientes, que ayuden a la sociedad que es la que les brinda a todos sus clientes, a ver hasta qué punto realmente les interesa la satisfacción de estos o hasta qué punto se trata únicamente de una estrategia argumentativa para lucrarse. Pero es que además y en última instancia, la ayuda de las empresas incluso se justificaría por habilidad económica, el cuidar que la economía no sufra un descalabro les permitirá volver a la situación posterior a la crisis sanitaria con una mayor cantidad de personas que tengan las condiciones monetarias para poder ser sus clientes. A ver si más allá del marketing se produce la responsabilidad social corporativa.

Por ejemplo, existen colectivos, como Amigos de la Calle y otras asociaciones con las que están en contacto, que han ido a repartir comida a la gente que aún está durmiendo en la calle, porque pese a los ofrecimientos que se han escuchado en los medios, los albergues no tienen más capacidad y por tanto no ha sido real el hecho anunciado en los medios de que se ha recibido a todos los sin techo y cubierto a todos los necesitados de este colectivo. También han ayudado a familias que están presentando escasez para obtener recursos para adquirir la alimentación. 

Muchas familias están teniendo serios problemas, por poner un ejemplo, hablemos de un sector crucial para la economía española: los autónomos. 

¿En qué creéis que puede beneficiar la prohibición de las eléctricas de no cortar los suministros básicos a ciertos locales? Quizás se trate de una política de prohibición que se ha tomado sin mayor meditación y sin considerar todos los matices que debería de tener. Puede que haya una buena intención, pero las buenas intenciones no son suficientes. 

Una de las medidas que se anunció de la prestación de un porcentaje de la base reguladora hace referencia a pagar un porcentaje del sueldo teórico de los autónomos (base reguladora) que es al que se le aplican los impuestos, por lo que ese sueldo para nada contempla los gastos que han podido tener, que normalmente se financian con los ingresos obtenidos de la actividad económica. Es decir, no pueden trabajar, pero sin embargo deben de pagar las deudas y obligaciones contraídas como el alquiler de un local, los suministros, contratos de plataforma y páginas web, seguros, etc.

Además, por fuentes de una persona a la que asesoré y que aún no ha recibido ayudas, a día de ayer 02 de abril de 2020, en Valencia las ayudas que gestiona Labora se habían agotado, por lo que ha quedado fuera hasta que se abra nuevamente la ayuda por el aumento de la partida presupuestaria, mientras tanto, prosiguen los recibos.  

Sal de la burbuja: sé buen amigo, sé buen vecino y sé una mejor persona

En esta última parte hablaré desde mi vivencia personal.

En general, muchos miembros de esta sociedad, como por ejemplo los jóvenes, somos una generación criada de una manera extremadamente acomodada y con un fuerte discurso en pro de nuestra libertad (lo que está bien), pero no hay que perder las perspectivas ya que no podemos salir a la calle por nuestra propia salud y la de nuestro entorno. 

Por lo tanto, la desesperación que nos produce el encierro la tendríamos que contemplar con relatividad y restarle importancia -si es que se puede ya que si la ansiedad es alta lo mejor es buscar ayuda de profesionales-, porque muchos tenemos la suerte de estar en casa con nuestras necesidades cubiertas (no estamos encerrados bajo sometimiento vejatorio, y es ilusorio que nos auto centremos tanto en nuestro encierro y que no valoremos las situaciones dado que si se logra apreciar desde otra perspectiva puede no ser tan terrible -claro es: cuando no hay otras realidades detrás que sean traumáticas-, no estamos encerrados en un campo de concentración), por lo que el cambiar de actitud es fundamental, el buscar la manera de ser positivo aceptando todas las emociones y buscar ser un aporte. 

Hablemos de la gestión de las emociones. Sí una persona quiere llegar a un objetivo difícil y no ve cómo, en psicología se habla de las expectativas adaptativas. Las personas, ante la imposibilidad de llegar a un determinado resultado unido a la capacidad (o falta de capacidad) de gestionarse el carácter o a la imposibilidad de llegar a determinadas metas o situaciones por restricciones del entorno y de la propia persona (pero que se han producido a través del entorno), deciden quedarse en la alternativa no preferida y no buscar la manera de gestionarse el carácter y hacer planes de acción para intentar salir de la situación no preferida, para seguir los pasos que la acerquen a la opción más valorada.

Por lo que podemos pensar en esta crisis que la opción no preferida es el malestar y la opción valorada es el bienestar (y se están haciendo muchas cosas por mantener el bienestar en la salud), pero a veces con el encierro cuesta mantener el psicológico, por lo que es fundamental buscar planes de acción para animarse, cuidar la salud psicológica y estar bien. 

Ojo, de normal hay que pasar por las tristezas y sentir las penas sin anular lo que se pueda sentir, ya que es sano vivir todas las emociones, pero hay tiempos excepcionales- como el que estamos viviendo- en el que hay que auto animarse y motivarse, sobre todo cuando se tiene una situación privilegiada, porque si no a veces no se ven los propios privilegios, y hay gente que transita toda su vida auto centrada en sus problemas y sin ayudar a nadie (y es propia decisión por lo que si no hace daño a los demás no tiene por qué estar mal), pero se deja de ver la perspectiva de las cosas, y es triste, porque como sociedad nos falta empatía y buscar realizar cambios reales a mejor (aunque cueste y costará). La situación en la que vivimos, aunque es muy triste y mucha gente la está pasando realmente mal, es una oportunidad para cuidar el entorno, para valorar más nuestras relaciones y en general a las relaciones humanas y a la necesidad de los otros, preocuparse y darle una mayor importancia a la salud psicológica y tender a desarrollar e implantar sociedades más colaborativas.    

El salir de la propia burbuja es necesario para poner en perspectiva la situación y valorar todo lo bueno que se tiene y apreciarlo y, si se puede, ayudar a los que lo están pasando peor es una actitud que, en muchas ocasiones, es beneficiosa para todos. Eso les ayudará a ellos, pero en muchas ocasiones a la propia persona, porque ve otras realidades -y pondera de mejor manera la propia vivencia-, se siente útil, da la sensación de hacer algo bueno, de alguna manera dejar una marca en el mundo.

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